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CATEDRAL DE BUENOS AIRES
ARQUIDIÓCESIS DE BUENOS AIRES 

 
 
   RESEÑA HISTÓRICA:

   La palabra "Catedral" viene de "Cátedra", término griego que se traduce por "silla en alto". Catedral es la iglesia en la que tiene su silla el obispo. El nombre procede de "Ecclesia cathedralis", usado por primera vez en Tarragona, el año 516.  La catedral, es la iglesia madre de la diócesis. También se la denomina "Domus Dei"; de ahí, que catedral en alemán se dice Dom, en italiano "duomo". Desde la cátedra o trono, el obispo ejerce la potestad de enseñar dada por Jesucristo a los apóstoles.

   Cuando Juan de Garay vino desde Asunción a fundar la ciudad de la Santísima Trinidad, acto que tuvo lugar el 11 de junio de 1580, destinó para la iglesia mayor o catedral, el mismo cuarto de manzana que ocupa hoy en día. En el acta de fundación se lee: "hago y fundo en el asiento y pueblo una ciudad, la cual pueblo con los soldados y gente que al presente he traido para ello, la iglesia de la cual pongo por advocación de la Santísima Trinidad, la cual sea y ha de ser iglesia mayor parroquial". En lo que atañe a la jurisdicción eclesiástica, la nueva ciudad dependía de la diócesis del Río de la Plata, creada por Paulo III el 1º de julio de 1547 con sede en Asunción.

   La iglesia parroquial, era una modesta construcción con tapias de adobe y madera, que en el año1605 el gobernador Hernandarias mandó demoler por muy vieja e indecente. Se ignora que proporciones tenía la que se levantó en su lugar con madera traída expresamente del Paraguay. Años más tarde, en 1616, su techumbre amenazaba desplomarse y la parroquia tuvo que pasar a la iglesia de San Francisco.

   Y mientras se hacían proyectos para reformarla, solicitando para ello la contribución pecuniaria de los fieles, la iglesia acabó de derrumbarse porque estaba mal edificada y con madera podrida de sauce. Esto era en el año 1616. Ni el Cabildo, ni la Justicia y el Regimiento de la ciudad perdieron el ánimo y enseguida fletaron una embarcación al Paraguay para adquirir y traer la madera necesaria, para la reedificación del templo. Las obras se iniciaron en enero de 1618. Según el presupuesto de Pascual Ramírez que las llevaría a cabo, su costo sería de 1.100 pesos. Sobre la recaudación del dinero se carece de información exacta, pero sí se sabe, que a finales de aquel mismo año la obra del templo estaba concluida. Pero se presentó  una dificultad: éste resultó más pequeño que el anterior, tanto que en 1621 ya se hablaba de construir otro destinado a catedral.

    Entre tanto, en Madrid y en Roma se llevaban a cabo los trámites para la creación de la diócesis de Buenos Aires. La bula de creación canónica hecha por Su Santidad Paulo V, está fechada el 30 de marzo de 1620 y su ejecución tuvo lugar el 19de enero de 1621 por su primer obispo el carmelita Fray Pedro de Carranza, lo cual quiere decir que en esa fecha, tomó posesión de la diócesis. El obispo señaló como catedral, la única iglesia de clérigos que había en la ciudad. Y en su carta del 4 de mayo de ese mismo año, escribía al rey: "está tan indecente (la catedral) que en España hay lugares en los campos de pastores y ganados más acomodados y limpios; no hay sacristía, sino una tan vieja, corta e indecente, de cañas, lloviéndose toda con suma pobreza de ornamentos". Y más adelante: "El Santísimo Sacramento está en una caja de madera tosca y mal parada". "Y en cuanto toca al edificio, es forzoso el entablarla y acomodarla, so pena de que dará toda en tierra y nos iremos a una Iglesia de un convento a hacer catedral". Y en el auto de erección del 12/5/1622 dejó escrito: "Sin coro ni sacristía a propósito, la cubrimos de nuevo y retejamos e hicimos sacristía nueva y coro y pusimos pila de agua bendita en medio de la iglesia y trajimos de España, con limosnas que su majestad dio y nosotros en parte tafetanes de colgadura y ternos y otros adornos para servicio del culto divino e hicimos fuera de esto, donación a la catedral de dos cuadros grandes con guarniciones doradas, el uno del glorioso San José, y el otro de la Magdalena". Además, instituyó dos cofradías: la del Carmen y la de Esclavos del Santísimo Sacramento. Esta fue, pues, la que se puede denominar la primera catedral.

   Cuando el tercer obispo de Buenos Aires, Fray Cristóbal de la Mancha y Velazco,  llegó a su sede el 6 de octubre de 1641, halló a la catedral, si no en estado ruinoso, por lo menos muy deteriorado. Así que concibió de inmediato la idea de levantar una nueva catedral y se lo comunicó al rey el 19 de noviembre de 1662. Según el plano que le adjuntó, el templo iba a tener tres naves.  Para su construcción se necesitarían 5.000 pesos, suma que solicitaba del real tesoro. En la persona del gobernador, José Martínez de Salazar,  halló el obispo quien colaborara en la construcción del templo no sólo con su influencia, sino hasta con dinero de su propio peculio. En 1671 la catedral estaba terminada: constaba de tres naves, su techo de madera y una torre; era de proporciones regulares.

   Pero he aquí que una obra con tantas apariencias de solidez, al cabo de siete años, por causa de la calidad inferior de algunos materiales usados en su construcción, empezó a dar muestra de su ruina inevitable: esta es la segunda catedral.

   El año 1678, el nuevo prelado, Antonio de Azcona Imberto,  se dirigió al rey haciéndole presente la urgencia en la reparación de la catedral, y solicitando la suma de 12.000 pesos. El rey acudió a la demanda, de tal manera que en octubre de 1680 se dio comienzo a las obras. El historiador Rómulo D. Carbia comenta: "El peligro estaba en el techo y tenía su origen en que no se le había dado la corriente que exigía la frecuencia y la abundancia de las lluvias. Por el techo de la  iglesia, se filtraba el agua de la lluvia y ello se debía a que los canales que corrían a todo lo largo del edificio, sobre los arcos que dividían las naves laterales y que tenían por objeto recibir las aguas de la nave principal, habían sido construidos con poca capacidad y malos materiales, al punto de producir continuas filtraciones". Pero aquí surgieron otras dificultades, porque el techo se desplomó y se destruyó a consecuencia de ello, el retablo del altar mayor y se impuso la demolición de la torre por la gravedad de su deterioro.

   Su reconstrucción marchó muy lentamente, sobre todo por razones de orden económico. A pesar de ello, en 1690, la iglesia con sus tres naves estaba cubierta, aunque todavía faltaba arreglar su interior y por la parte de fuera sus capillas, la sacristía y había que elevar la torre, que hasta entonces sólo contaba del primer cuerpo. Para hacer frente a todos los gastos se echó mano de todos los medios disponibles: la real hacienda, el obispo con sus rentas y alhajas y el vecindario con sus limosnas. La obra siguió adelante, pero por las dificultades económicas al fallecer el obispo en el año 1700, aún no estaba concluida. Y esta fue la tercera catedral.

   Su sucesor fue el trinitario fray Pedro Fajardo, apostólico y prelado, que como es de suponer puso todo su empeño en la conclusión de las obras de la catedral. En carta del 20 de agosto de 1721, comunicaba el obispo al rey que ya se había dado cima a una de las torres y estaba interesado en levantar la segunda.

   Pero al año siguiente, 1722,  la techumbre del templo se iba deteriorando de tal modo, que se temía su derrumbamiento. Enfermo y en cama, el obispo pidió al Cabildo Eclesiástico que se hiciese cargo de la obra. Ya se supone que la primera dificultad que se presentó, fue la carencia de recursos económicos. El Cabildo, en tal coyuntura, dirigió un exhorto a los miembros del Ayuntamiento a quien competía, también, poner manos en ese asunto. Pero por un motivo u otro –algunos verdaderamente fútiles-  pasaron dos años sin que se hubiera adelantado nada. Entonces, es cuando surge la figura del arcediano Marcos Rodríguez de Figueroa y con él, las cosas entraron por la vía recta. A su actividad y celo por la causa de Dios, se debe la terminación de la obra de la catedral. Para ese efecto, la real haciendo puso 1.800 pesos y él 3.000 pesos de sus propios haberes.  El arcediano consiguió 1.500 pesos del vecindario e hizo un empréstito de 2.500 pesos y 1.000 pesos provinieron del Cabildo secular.  Lo que se consiguió con el monto de estas sumas, fue terminar con el trabajo de las torres, arreglo de las naves y el del pórtico.  Además, en 1725, un ciudadano, Tomás Trupp, hizo una donación de 5.000 pesos para la compra de las cinco campanas . Y ésta fue la cuarta catedral.

   Al morir Fray José de Peralta, se reunió el Cabildo y eligió vicario capitular al Dr. Bernardino Verdún de Villaysán, una de cuyas principales ocupaciones –y las del Cabildo- fue el mejoramiento de la Catedral. Como primera providencia, tanto el vicario capitular como el Cabildo, hicieron traer de Potosí 400 libros de oro y los elementos necesarios para hacer dorar el retablo.  Luego se ocuparon de blanquear la sacristía mayor, los pilares del cañón principal, de todas sus capillas y del bautisterio.   Se cerraron los tres arcos que se hallaban bajo la torre, "así por hallarse sin abrigo –dicen los documentos- y expuestos a los vientos y polvos que perjudica mucho al aseo de la Iglesia, como porque el Señor gobernador, las reales juntas, el teniente de sacristán mayor, que vive en uno de los accesorios y otras personas temerosas de Dios tienen informado que sirve, de noche, de abrigo de liviandades". Ese era el lenguaje de la época.  Además de ello, el Cabildo se ocupó en hacer alargar el presbiterio, ensanchar la mesa del altar mayor, cuyo retablo compuso en sus dos caras.   Tampoco olvidaron los canónigos, la sala capitular y el archivo, que se preocuparon de ordenar y componer según las normas de la época, de tal manera que no sufrieran deterioro los documentos y papeles que en él se habían de guardar. El Cabildo tuvo que sufragar los gastos que traían consigo estos arreglos.  Un vecino de la ciudad, Agustín de García, donó 500 pesos para el dorado y pintura al óleo del coro principal. Y ésta es la quinta catedral.

   La sexta y actual Catedral:  
 

   Parecía que la quinta catedral iba a ser la definitiva, pero no fue así, porque a las 9 de la noche del 23 de mayo de 1752, se derrumbó una parte de la misma  y entre las seis y la siete de la mañana del día siguiente se desplomaron, según informe del gobernador José de Andonaegui,  "las tres bóvedas de iguales naves".  El obispo,  Cayetano Marcellano y Agramont,  informa al rey que fue preciso "derribarla enteramente por la poca firmeza de las paredes que han quedado y empezar su fábrica desde los cimientos con más solidez y extensión que los de la antigua, que por su cortedad no parecía catedral, y a juicio del más acreditado alarife pasará su costo de doscientos mil pesos por el subido precio de los materiales en este puerto" y terminaba pidiéndole "se sirva aplicar a tan útil y necesario edificio, la cantidad de dinero que arbitre su real clemencia…"

   La burocracia en aquellos tiempos, era tanto o más complicada que la de ahora. Y así fue como este asunto se pasó al Virrey del Perú, a la vista del fiscal y a la real audiencia. Por ello, transcurridos tres años, sin contar con la autorización real y sin haber enviado los planos para su autorización y con el total apoyo del Cabildo Eclesiástico,  el obispo comenzó a construir la nueva catedral,
la actual, según los planos de un arquitecto llamado Antonio Masella, de origen saboyano.  Domingo de Basavilbaso, hombre de empresa y de confianza del obispo, en 1754 se hizo cargo de la tesorería y dirección de la obra del nuevo templo.  La nueva catedral, según el plano de Masella, sería de cruz latina, con tres naves y seis capillas laterales a ambas.

     La catedral, se fue edificando con los bienes (muy parcos) de  la iglesia y con la cooperación económica del pueblo. Pero, aunque un poco tardía, la ayuda real empezó a llegar en 1760. ¿A qué se debía este atraso?, "Indudablemente, dice un autor contemporáneo-, poco interés tenía el rey en ayudar al obispo Marcellano en su obra, por cuanto éste impedía los planes de quienes, desde la corte de Madrid, conspiraban contra la compañía de Jesús, siguiendo las directivas de las logias, sin sospechar que estaban haciendo el juego a los planes de la corte de Lisboa, que veía en las reducciones jesuíticas un obstáculo insalvable al avance portugués en América". Las obras, sin embargo, se iban realizando, tanto que en 1758 se pudo inaugurar la llamada nave de San Pedro, la que se halla a la derecha de la puerta de entrada y también el nuevo bautisterio.

   Cayetano Marcellano y Agramont, que tanto había hecho por la nueva catedral, en 1759 tuvo que dejar el gobierno de esta diócesis por haber sido trasladado a la sede arzobispal de Charcas. Su sucesor, el porteño José Antonio Basurco (1760-61), ocupó sólo un año la sede bonaerense, pero hizo también su obra contribuyendo a la prolongación del templo al donar el terreno de una casa, contigua a la iglesia, pertenencia de su hermana, doña María Josefa Basurco, el cual estaba tasado en 7.500 pesos, que pagó de su peculio personal.

    Una dificultad sobrevino en 1770, en que al detectarse grietas en la media naranja o cúpula, fue necesario proceder a su demolición. Al cabo de siete años, las obras tuvieron que suspenderse porque también se había suspendido la ayuda estipulada en 6.000 pesos. En 1778 fue demolido el pórtico, porque no concordaba con las proporciones del edificio de la catedral.   También fueron demolidas las torres por no estar de acuerdo con el estilo del templo.

   Fue el penúltimo obispo de Buenos Aires, don Manuel Azamor y Ramírez, quien puso cima a las obras del  templo catedralicio en lo que se refiere a lo principal de él y lo inauguró el 25 de marzo de 1791, treinta y ocho años después de iniciada su reconstrucción en 1753. La catedral fue consagrada en el año1804, por el último obispo de la era hispánica Benito de Lué y Riega, quien se empeñó en agregarle lo que aún le faltaba: el frontis y las torres. Las obras se comenzaron en 1804, pero en 1807 hubieron de suspenderse por falta de numerario.

   Pasados los años, independizado ya el país de la Metrópoli, el gobierno de Martín Rodríguez en la persona de su ministro Bernardino Rivadavia, puso un gran interés en la conclusión de las obras de la catedral. Al respecto, se sabe con certeza que las del frontis se comenzaron el mes de enero de 1822. En este punto hay que salir al paso de un error que ha tomado cuerpo en algunos historiadores.  Se dice que el encargado de terminar el templo, el francés Próspero Catelin, al levantar la columnata del frontis tuvo a la vista la de la Magdalena de París. Pero si se confronta una y otra, se puede constatar que en realidad no fue así.  En primer lugar, la Magdalena tiene ocho columnas y la catedral de Buenos Aires doce. En segundo término, las obras de la Magdalena se concluyeron en el año 1842 y por tanto, no podía tomarse como modelo lo que aún estaba por concluir en 1822. Según el arquitecto Buschiazzo, más bien parece que Catelin "se hubiese inspirado en el Palais Bourbon, cuya fachada tiene también doce columnas y que acababa de ser terminado por el arquitecto Poyat en el año 1807".   Las doce columnas, número con el que quiso representar a los doce apóstoles, se concluyeron en 1823, aunque sin capiteles y sin las esculturas del tímpano.  Las columnas se revocaron tardíamente, en 1862.  Ese mismo año el escultor francés Dubordieu, realizó esculturas del tímpano, en que representa el encuentro de José y sus hermanos, alusión al encuentro de los argentinos después de la batalla de Pavón en 1861.  Las columnas son del orden corintio. 
   La catedral fue declarada monumento histórico nacional, el 21 de mayo de 1942.

   DATOS COMPLEMENTARIOS

   El Santo Cristo de Buenos Aires:  

   Con este nombre se conoce desde el siglo XVII, una piadosa imagen de Cristo Crucificado que se halla en el altar izquierdo del crucero de la catedral.  El gobernador del Río de la Plata, José Martínez de Salazar, la donó en el año 1671;  además, él mismo fundó la cofradía o esclavitud denominada "Congregación del Santo Cristo de Buenos Aires", hoy inexistente.  El 11 de diciembre de ese mismo año, el obispo Mancha y Velazco aprobó sus Constituciones y el martes 29, también de ese mismo mes y año, quedó fijado como fecha de su fundación. Respecto a la imagen, hay que decir que es una talla de madera, representando a Jesucristo crucificado con cuatro clavos;  la imagen tiene 1 metro 75 cms. de altura y 1.50 de brazos;  la cruz mide 3 por 2 metros.  Hoy no se duda que fue obra del tallista portugués Manuel de Coyto.

    El 18 de junio de 1750, se creó en la catedral la "Hermandad de María Santísima de los Dolores y sufragio de las ánimas del purgatorio", erigida canónicamente el 22 de septiembre de 1756.  La imagen de la Virgen, copia de la que se venera en la capilla de la Hermandad de Dolores de la iglesia de San Lorenzo, en Cádiz, por resolución del obispo Azamor y Ramírez, fue colocada en la capilla "de la testera o frente de la segunda nave, a mano izquierda de la entrada de la iglesia por la puerta principal".  La imagen fue una donación de Jerónimo Matorras, primo hermano de la madre del general José de San Martín, la señora Gregoria Matorras.  El altar fue objeto de una transformación en el año 1948, conservándose el retable tal cual está hoy en día, sólo que a su pie se colocó una imagen de Cristo yacente, réplica del de la iglesia de San Gregorio, en Sevilla, España.

   Nuestra Señora de la Paz:  

   El obispo Marcellano y Agramont, en el año 1751, en viaje a la sede que se le había asignado, trajo consigo una imagen de Nuestra Señora de la Paz.  La hizo colocar en la capilla que más tarde fue mausoleo del general José de San Martín, donde permaneció hasta 1878.  Luego y ya en el siglo XX, la talla de Nuestra Señora de la Paz, en el año 1910 fue llevada a la capilla de San Javier, en Córdoba y colocada junto al sepulcro de quien había sido el tercer arzobispo de Buenos Aires.  Finalmente, por acuerdo capitular del 24 de junio de 1927, fue colocada en su actual capilla.  El 12 de octubre de 1952, el Cardenal Santiago Luis Copello, la coronó solemnemente y el 15 de agosto de 1953 coronó al Niño.

      La capilla del Sagrario:

   Fue construida en la que era sacristía de los capellanes de coro.  La piedra fundamental, se colocó el 6 de septiembre de 1941.  La obra se concluyó en tres años y el 7 de octubre de 1944, en ceremonia pública el Hermano Mayor de la Archicofradía del Santísimo Sacramento, Dr. Mario J. del Carril, hizo entrega de la llave de la capilla a Su Eminencia el Cardenal Copello.  Con la construcción de esta capilla, se quiso rendir homenaje al  Papa Pío XII, que había visitado nuestra catedral siendo legado pontificio del XXXIV Congreso Eucarístico Internacional, celebrado en Buenos Aires en octubre de 1934 y también como homenaje al primer cardenal argentino Dr. Santiago L. Copello.  Al costado derecho de la capilla y en una especie de urna, fue colocada la magnífica custodia portadora del Señor Sacramentado, en la grandiosa procesión final del Congreso.  En la construcción del altar, se tomó como modelo el de la confesión de San Pedro en la basílica de su nombre en Roma; el baldaquino de columnas salomónicas, de mármol, recuerda el de Bernini.

   Hay que mencionar otras dos imágenes:  la de Nuestra Señora de los Desamparados y la del Cristo (de los futbolistas, pero tiene otro nombre "Santo Cristo del gran amor", que data del año 1980). Es una imagen vestida y tallada en madera por un sevillano.

      La Ley de traslación de los restos del general don José de San Martín, fue sancionada por el Congreso Nacional en 1864.  Doce años más tarde, en 1876, se nombraron los miembros de la comisión municipal que se ocuparía de este asunto y del lugar que se les asignaría en el templo catedralicio. Era entonces Arzobispo Monseñor León Federico Aneiros y a él se dirigieron los comisionados en solicitud, para ese efecto, de la capilla, ya sin uso, que había servido en otros tiempos de bautisterio.  El proyecto de los peticionantes, era que en el frente Oeste se erigiese un altar a Santa Rosa de Lima y un sarcófago en el frente Sur.  Así lo comunicaron al arzobispo, quien de inmediato pasó la nota al cuerpo capitular.  El Cabildo asintió complacido a lo solicitado, sólo que en el año siguiente hubo un cambio en el proyecto: en vez del bautisterio, el mausoleo se erigió en la capilla de Nuestra Señora de la Paz, que hubo de ser ensanchada para ese efecto.  El 28 de mayo de 1880, llegaban a Buenos Aires los restos del general San Martín.

   Se los trasladó a la catedral y después de celebrado un oficio fúnebre por el eterno descanso de su alma, se colocaron, no el sarcófago, como erradamente sostiene un autor, sino en el monumento. La razón de ello, es que los restos habían sido depositados en triple ataúd de grandes dimensiones, de tal manera que sólo pudo caber en el lugar indicado en posición oblicua, no horizontal.  El mausoleo, todo de mármol, fue obra del escultor francés Albert Carrier-Belleuse.  Dentro del recinto del mausoleo, se han depositado los restos de los generales Las Heras y Tomás Guido.

   Estilo de la Catedral:

   Una de las cosas que sorprende a quien visita con algunas pautas la Iglesia Catedral, es la diversidad de estilos que es posible observar en su interior.  No hay que olvidar, que su construcción (la de la actual) fue iniciada en el siglo XVIII y recién pudo ser concluida a principios del siglo XX, pasando por muy diferentes manos, de arquitectos y constructores, quienes según la oportunidad o momento, fueron cambiando o agregando algo, desde elementos un tanto barrocos, hasta su estilo fundamentalmente románico.  Es uno de los templos que impresionan por su volumen y grandiosidad:  hay que recordar que su nave central está próxima a los cien metros de largo;  su piso, de especial belleza de mosaicos diminutos, tiene una superficie que se aproxima a los tres mil metros cuadrados.

   Es uno de los pocos edificios catedralicios de la Argentina, que posee una "nártex".  Este consiste en un pórtico de entrada, cerrado, con lo que se podría "llamar doble pórtico", como si fuera un gran vestíbulo, anexo a las naves de templo.  Se lo ve separado, antes de ingresar a las naves propiamente dichas, por sendas puertas que coinciden en posición, estilo y volumen con las que, en frente, comunican con el exterior.  En los primeros siglos de la Iglesia este lugar, el nártex, se reservaba para los catecúmenos, quienes seguían desde allí las ceremonias y predicación, pero al iniciarse el Ofertorio de la Santa Misa, se retiraban, por no encontrarse autorizados a permanecer durante la liturgia eucarística.

   Contra lo que muchos piensan, por último, la Catedral no es de tres naves, sino que tiene cinco. Si se observa bien, será posible encontrar que, atravesando las arcadas laterales que encuadran las Capillas, hay arcadas comunicando de corrido, que convierten el tránsito de Capilla a Capilla, en una nave de cada lado.


 


Nombre latino: Bonus Aër. Archidiocesis Bonaërensis.

Fecha de construcción canónica: Diócesis: Bula de S.S. Paulo V (30 de marzo de 1620).

Ejecución de la Bula: 19 de enero de 1621, por Fray Pedro de Carranza, primer Obispo de Buenos Aires.

Arquidiócesis: Bula de S.S. Pío IX (5 de marzo de 1865).

Sede Primada: Decreto de la S.C. Consistorial (hoy S.C. para los Obispos) del 29 de enero de 1936.

Institución civil: Real Cédula de S.M. Felipe III, Rey de España, del 12 de junio de 1618, pidiendo la erección de la Diócesis. Ley nº 116, de 1864, como Arquidiócesis.

Personería Jurídica: Código Civil de la República Argentina. Art. 33, inc. 4º.

Territorio: Capital Federal e Isla "Martín García".

Superficie: 202 km² . Isla "Martín García": 17 km².

Titular de la Arquidiócesis: Santísima Trinidad.

Santos Patronos. Principal: San Martín de Tours (11 de noviembre) y Nuestra Señora de las Nieves.

Menores: Santa Clara (12 de agosto) - Santos Sabino y Bonifacio (14 de mayo).

Titular de la Catedral: La Inmaculada.

    Serie de prelados que gobernaron la diócesis (arquidiócesis) de Buenos Aires, desde su construcción por Bula de Paulo V, del 30 de marzo de 1620 hasta nuestros días.

Período hispano:

Fray Pedro de Carranza, carmelita (1620-1632).
Fray Cristóbal de Aresti, benedictino (1635- fallecido entre 1638 y 1639).
Fray Cristóbal de Mancha y Velazco, dominico (1642-1673).
Antonio de Azcona Iberto, secular (1676-1700).
Fray Pedro Fajardo, trinitario (1713-1729).
Fray Juan de Arregui, franciscano (1713-1736).
Fray José Antonio de Peralta, dominico (1738-1746).
Dr. Cayetano Marcellano y Agramont, secular (1749, trasladado a la diócesis de Trujillo en 1757).
Dr. José Antonio Basurco y Herrera, secular (1757-1761).
Manuel Antonio de la Torre, secular (1762-1776).
Fray Sebastián Malvar y Pinto, franciscano (1777, trasladado a Santiago de Compostela en 1783.
Dr. Manuel de Azamor y Ramírez, secular (1785-1796).
Dr. Benito de Lué y Riega, secular (1802-1812).

Época independiente:

Dr. Mariano Medrano y Cabrera, secular (1832-1851).
Mariano José de Escalada, secular (en 1854 provisto Obispo de Buenos Aires y en 1866 creado primer Arzobispo).
Monseñor Federico Aneiros, secular (1873-1894). II Arzobispo.
Monseñor Uladislao Castellano, secular (1895-1900). III Arzobispo.
Monseñor Mariano Antonio Espinosa, secular (1900-1923). IV Arzobispo.
Fray José María Bottaro, franciscano (1926-1932). V Arzobispo.
Monseñor Santiago Luis Copello, secular (1932, elevado a la dignidad cardenalicia en 1935, renunció a la sede en 1956). VI Arzobispo.
Monseñor Fermín E. Lafitte, secular (1956-1959). VII Arzobispo.
Cardenal Antonio Caggiano, secular (1959-1967). VIII Arzobispo.
Cardenal Juan Carlos Aramburu, secular. Arzobispo coadjutor desde 1967; titular desde 1975; rigió la Arquidiócesis hasta 1990). IX Arzobispo.
Cardenal Antonio Quarracino, secular (1990-1998). X Arzobispo
S.E.R. Monseñor Jorge Mario Bergoglio, jesuita (1998-     ) XI Arzobispo.
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