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PIRÁMIDE DE MAYO

 

   El 25 de mayo de 1811, se inauguró la Pirámide de Mayo.  Poco antes de cumplirse el primer aniversario del 25 de Mayo, el Cabildo de Buenos Aires acordó solemnizar "un día de tanto honor y glorias a la América del Sud", con la construcción de una pirámide en la Plaza de la Victoria, así llamada después del triunfo sobre los invasores ingleses.

   El alarife Francisco Cañete, inició la construcción el 6 de abril de 1811 y la obra quedó terminada poco antes que alumbrara el sol del día 25.  La estructura con una altura total de 14,92 metros, comprendía un pedestal y la pirámide propiamente dicha; el primero con dos gradas y la segunda con una bola por coronamiento y se la rodeó con una verja de 1,90 mts. de altura.     En julio, el gobierno dispuso que en la "Columna 25 de Mayo" como se la llamó, se escribieran los nombres de Felipe Pereyra Lucena y Manuel Artigas, dos oficiales caídos en las luchas por la Independencia.   

   Cuarenta años después de su construcción  (1851), el monumento mostraba graves deterioros.  Esta realidad y el deseo de darle un aspecto más grandioso, determinaron que se decidiera hacer uno nuevo, que "contendría" al de 1811 y sería coronado con la estatua de la Libertad.  Prilidiano Pueyrredón dirigió las tareas de remodelación y Dubourdieu realizó la obra escultórica.  

   Así, desde 1857, la ciudad tuvo su nueva pirámide pero, esta, estuvo a punto de caer en 1883, junto con la Recova.  Como felizmente no ocurrió así, la "nueva" Plaza de Mayo -suma de las del 25 de Mayo y de la Victoria- lució en adelante la estatua de Belgrano en uno de sus extremos y la Pirámide en el otro.  Y llegó el 12 de noviembre de 1912.  Ese día, comenzaron a correr la pirámide unos 6 metros por jornada, lo que se repitió por otras diez, hasta alcanzar un desplazamiento total de 63,17 metros.  La trasladaron hasta su actual ubicación, en el centro de la plaza, encamisada con maderas y puesta sobre carriles colocados en la base de su deslizamiento.  Por entonces y desde 1891, en la parte inferior de la cara que mira al Cabildo, luce una placa de bronce destinada a recordar a Felipe Pereyra Lucena y a Manuel Artigas.
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